Atacama, una
región sorprendente

Por Graciela Vega.

Es la Tercera Región de Chile (país dividido en 15 regiones). Su capital es Copiapó, que se encuentra a
806 km al norte de Santiago, la capital chilena. Todo allí parece vasto, magnético, bordeando el misterio.
Su historia, su geografía, su riqueza, sus maravillas. Sin dudas, es un lugar particular. Extremo. Inabordable.

Buenos Aires. Recién regresaba a casa, después de varios días en Atacama, cuando la noticia me llenó de inquietud: ese lugar donde, un par de días antes había estado hurgando en compañía de mi chofer, José Iturra Contreras, un lugareño baquiano, de pronto era noticia en la BBC (British Broadcasting Corporation, de Londres). Se daba a conocer la existencia del cementerio de ballenas más grande y más diverso encontrado hasta el momento.
La noticia hablaba del descubrimiento y del cuidado de los científicos chilenos y extranjeros por el yacimiento de fósiles de ballenas. El desierto, que antiguamente fue mar, posee una innumerable cantidad de esqueletos de cetáceos, incluidos delfines, tiburones y hasta restos de cocodrilos. Algo completamente deslumbrante. Si bien mucho ha sido desenterrado en estos días, aún queda mucho por hacer. Los tesoros arqueológicos y las sorpresas de Atacama son infinitos como los granos de arena de su desierto.

Un jardín en el desierto
También venía de testimoniar con mi propia mirada un fenómeno para nada común: que el desierto más seco del mundo floreciera de una manera increíble. Mantos de flores fucsias, blancas, amarillas y celestes se extendían en esa superficie seca y la cubrían. Miles de escarabajos correteaban huyendo de la presencia humana. Ningún paisaje me ha conmovido más que este fabuloso contrapunto. La vida que estalla allí había permanecido oculta, quien sabe cuánto tiempo.
Este fenómeno se extendió este año más de la cuenta. Los lugareños cuentan que llovió bastante este invierno en Copiapó. Embelesada con las flores, no atiné a hacer el paralelo entre el “bastante” al que se refería mi chofer con el “bastante” que solemos tener nosotros en Buenos Aires. Pero imagino la distancia entre una y otra realidad. El año pasado hubo floración, pero no fue como la de este año. Cuentan que desde 1989 no se repetía este fenómeno.
Al día siguiente, visitaba el Parque Nacional Pan de Azúcar, en donde se encuentra la isla Chañaral, que alberga la colonia de pingüinos más grande del mundo. Sí, todo es así como lo cuento, extremo. Fue un largo viaje desde Copiapó, en el camino me encontré con un verdadero zoológico de piedras. La erosión en las rocas ha hecho maravillas, parecen realmente animales gigantes.
En el parque el viento y el frío se hacían sentir. La vista, única. Especies de cactus que nunca había visto llamaron mi atención. Pequeños, redondos, en manojo. Copiapoas, se llaman. La isla se veía despejada, ningún pingüino al alcance de mi vista. Una pena.
En el viaje de regreso, mientras yo sacaba mi mate y le convidaba a don José, él me contaba muchas historias. Una que me despertó muchísima curiosidad, y que luego reafirmé en otros testimonios, fue la de esa costumbre que ellos tienen de vivir en el temblor. Es muy común que se den movimientos sísmicos. José me contó del último que había vivido unos días antes de que yo llegara, fue de 6 grados en la escala de Ritcher. Bastante fuerte. En ese momento, él estaba con su hijo mirando un partido de fútbol, las camas se movieron, el televisor también. Dejaron abierta la puerta (¿para salir más rápido en la emergencia?) y siguieron mirando el partido. Allí la gente nace habituada al temblor de la tierra así como nosotros a las tormentas eléctricas, que ellos desconocen.
Me volví a Buenos Aires con muchas inquietudes y dispuesta a continuar la investigación sobre ese bello y extraño reverdecer del desierto más seco del mundo. No pude evitar pensar en más extremos aún: el derretimiento de los polos y el florecer del desierto. No me quedaban dudas de que algo estaba sucediendo en este planeta. El cambio daba señales muy contundentes. Mis pensamientos iban por un lado, mi corazón por otro. ¿Cómo explicar qué sentí? Atacama. Un lugar de maravillas.