Una ley limita la construcción de edificios en torre en los barrios de Barracas y
Villa Pueyrredón. La medida fue impulsada por los grupos de vecinos.

Buenos Aires. Desde hace más de cinco años se da un boom inmobiliario nada positivo para la identidad de los barrios: la poca cantidad de terrenos disponibles donde poder levantar edificios de más de diez pisos hizo común la práctica de derrumbar casas de gran valor histórico en perfecto estado de conservación para construir en su lugar torres de departamentos.
El fenómeno comenzó por el año 2004 en los barrios porteños más caros, como Palermo y Caballito. Con el correr del tiempo y frente al agotamiento de lugares para la construcción en esas zonas, el negocio inmobiliario se desparramó por toda la Capital Federal. No hubo diferencias:  se tiraron abajo construcciones deterioradas y también casonas en óptimas condiciones con más de cien años de historia.
El negocio pudo desarrollarse sin problemas porque en el año 2000 se modificó el Código de Planeamiento Urbano, con lo cual se permitió construir edificios más altos –es decir, con más pisos– y en casi cualquier lugar de la ciudad, sin tener en cuenta si el cambio afectaba a los vecinos. Ante la falta de acción para proteger el patrimonio edilicio de Buenos Aires por parte de las autoridades porteñas, fueron los vecinos de los barrios afectados quienes tomaron el asunto en sus manos y se agruparon para protestar en contra de las empresas que estaban terminando con el verdadero espíritu de sus lugares.

Vecinos a la defensa
El grupo Proteger Barracas es una de las muchas organizaciones que surgieron en los barrios porteños en la última  década con el fin de decirle NO a la demolición de edificios de gran valor histórico para poner en su lugar torres de más de diez pisos.
Desde 2007, comerciantes, artistas, profesionales y estudiantes vecinos del barrio trabajan en su tiempo libre para impedir que este lugar, al sur de la Capital, pierda el reservorio único de la arquitectura porteña de los últimos 120 años.
Para estos vecinos, no se trata de vivir en un museo sino de lograr que las nuevas edificaciones se hagan interpretando y tomando inspiración en la impronta particular que el barrio ofrece en lugar de demoler indiscriminadamente y levantar torres especulando con el único interés de vender más.

Una solución es posible
Aunque el paisaje puede resultar poco alentador, no hay que desesperar. Por suerte, existen maneras de frenar esta oleada de demoliciones y conservar intactos los edificios que hablan de la historia de Buenos Aires. El trabajo arduo de los vecinos –impulsando el debate, apelando a los medios para alertar sobre el tema, haciendo concursos fotográficos, etc.– ha dado sus frutos.
En octubre pasado, la Legislatura porteña aprobó dos proyectos de rezonificación, tal como ya se hizo en Coghlan, Colegiales, Palermo y Caballito.
El cambio de zonificación de “Densidad Alta” a “Media Baja” significa que los edificios que se podrán construir de ahora en más sólo podrán contar con 12 metros. Según Proteger Barracas,  “los efectos beneficiosos de la flamante ley comenzarán a apreciarse en el corto y mediano plazo con la generación natural de una lógica económica que estimulará la recuperación, la puesta en valor y la refuncionalización de las viviendas existentes, junto con obras nuevas que respetarán el entorno característico integrándose en altura en lugar de destruirlo. Las nuevas condiciones recuperan el espíritu que da carácter a Barracas, y contribuyen a mejorar la calidad de vida y el medio ambiente de amplios sectores del barrio que se encontraban en riesgo hasta el presente”.

¿Por qué es malo construir torres en cualquier parte?

•Tienden al hacinamiento (por ejemplo: más gente vive en un
espacio donde antes sólo vivía una familia).
•Pérdida de la identidad de los barrios porque desaparecen
sus edificios históricos.
•Los vecinos originales deben irse a otros barrios porque
deben vender sus casas.
•Los servicios de luz, gas y agua se ven saturados porque
deben abastecer a mayor cantidad de gente.
•La altura de las torres obstaculiza el paso de la luz del sol.
•Se pierde privacidad.
•El tránsito vehicular se complica y hay mayor contaminación
visual y auditiva.