Se inauguró una exhibición en la que se puede conocer cómo se crearon desde el clip hasta la percha.
Londres, Inglaterra. A veces, la simplicidad de un invento es lo que lo vuelve imprescindible. Algo sencillo pero efectivo puede solucionar un problema mucho mejor que la más sofisticada de las tecnologías. Tanto es así que es difícil imaginarse la vida sin algunos de estos objetos: el clip (o sujetapapeles), la percha, el cierre o cremallera, la caja de los huevos. Elementos sin los que la vida sería un poquito menos práctica merecían un homenaje. Así lo entendió el Museo de Ciencia de Londres, por lo cual montó una muestra en la que exhibe estos y otros 30 objetos de diseño simple que han conocido el éxito rotundo gracias a su increíble utilidad.
La muestra se llama “Héroes Escondidos” (Hidden Heroes) y se podrá visitar hasta junio del año próximo. Los visitantes no sólo se encontrarán con los inventos, sino también con las historias de cómo se llegó a crearlos. Muchos han sido producto de un trabajo de investigación y otros nacieron sin que su inventor se lo haya propuesto. Alguna de estas creaciones han vuelto millonarios a quienes los dieron a luz. Además, se pueden ver bocetos originales de los inventores, que muestran cómo fue el proceso de creación desde la idea hasta el objeto terminado. También se exhiben las patentes y algunos afiches publicitarios originales.
Entre los inventos grandiosos que son tan habituales en su uso que ya nadie repara en ellos, y poco elogiados, están el papel higiénico o los autoadhesivos Post It. Por ejemplo, estos últimos fueron creados por accidente, ya que, por el año 1960, a Spencer Silver le habían encargado hacer un pegamento súper adherente, pero en su lugar, le salió uno fácilmente despegable. Una década más tarde, un colega de Spencer le encontró utilidad a ese pegamento para lograr que los papeles con los que señalaba su libro no se cayeran a cada rato.
Las perchas de alambre nacieron entre 1900 y 1906 diseñadas “sin querer” por Albert Parkhouse. Es que este señor llegó un día a su casa y al ver que ya no había espacio en el placard para guardar su abrigo, tomó un alambre y le dio forma de percha sin darse cuenta de que estaba creando algo sumamente útil que seguiría usándose por mucho tiempo. Un gran acierto, el del Museo de Ciencias, con esta exhibición que lleva por costados distintos de la creatividad.



















