En aquellos tiempos, muy pocos pudieron disfrutarla. Para todos la llegada de la pantalla chica fue toda una revolución.
Buenos Aires. Hay que imaginar una época en que los niños no conocían otro entretenimiento que escuchar la radio, jugar con sus chiches de hojalata y andar en bicicleta por la vereda. Porque aunque para las generaciones actuales suene raro, hubo tiempos en que la televisión no existía.
Hasta que, el 17 de octubre de 1951 –hace sesenta años –, empezó oficialmente la primera transmisión por televisión de Argentina. Las primeras imágenes que se vieron en una pantalla chica fueron emitidas por Canal 7 de Buenos Aires (la actual TV Pública), y se trataba de los discursos del Día de la Lealtad desde Plaza de Mayo.
Lo curioso es que fueron muy pocos los argentinos que tuvieron aparatos de televisión para ver aquella primera transmisión. La mayoría de las personas tuvieron que verla en las vidrieras de los locales donde estaban las teles.
El diario de la época, llamado El Mundo, narraba así esa experiencia: “…Las vidrieras de Florida, avenida Sáenz Peña, Balcarce y otros lugares próximos agruparon racimos humanos que, manifiestamente sorprendidos por la perfección del invento recién incorporado a nuestra metrópoli pudieron seguir todos los principales detalles del magno acto”.
Los televisores que entraron para la venta rondaban entre las 400 y 500 unidades, pero los precios los hacían poco accesibles para las familias. Por ello, la radio seguiría siendo la reina de los hogares por mucho tiempo más.
Desde el inicio y por una década, Canal 7 sería el único canal del país. Recién para 1960, se sumaría Canal 12 de Córdoba. Otro dato curioso es que durante esos primeros diez años, los programas televisivos salían en vivo porque no existía la modalidad de grabarlos y luego transmitirlos. Recién en 1959 se realizan pruebas experimentales con el video tape.
Salir con los programas directamente en vivo era bastante arriesgado, pero al mismo tiempo le otorgaba calidez e inmediatez, y los hacía similares a una obra de teatro. Para poder pasar de un programa a otro, algo que hoy tarda segundos, entonces requería 45 minutos porque había que desarmar y montar las escenografías. Para disimular el bache entre programas, se emitía algún documental y, tiempo después, se convertiría en un clásico pasar cortos de El pájaro loco.
De todas formas, las estrellas seguían logrando su consagración a través del cine, el teatro o la radio. Por eso, los actores televisivos solían ser muy jóvenes y con poca experiencia.
Años más tarde, la tecnología avanzó y permitió ver televisión a color (al principio, sólo se veía en blanco y negro), los canales se multiplicaron, llegó la televisión por cable con su casi centenar de señales entre las que elegir, luego la televisión por satélite. Hasta nuestros días en que puede implementarse la tevé digital.
Pero quienes conocieron otras épocas nunca olvidarán que la programación terminaba a las 24 horas y recordarán por siempre con cariño la barra de ajuste.



















