La crisis económica mundial sigue sin mostrar signos de recuperación Diferentes grupos de protesta a lo largo y ancho del planeta se fortalecen y empiezan a crear vínculos entre sí a través de las redes sociales. ¿Nace un nuevo movimiento político global?.

Hasta hace poco, las noticias sobre los “indignados” provenían, más que nada, de España: miles de ciudadanos ocupaban las calles de ese país reclamando una reforma política. ¿Qué argumentaban? Que no se sentían representados por los partidos políticos y que las decisiones de su gobierno beneficiaban a los grandes bancos y a las empresas, olvidando los intereses de la mayoría. Hoy, el movimiento de los “indignados” no solo sigue en pie, sino que se globalizó.
Muchos analistas coinciden en señalar las protestas de la llamada “Primavera Árabe”, el movimiento “Ocupar Wall Street” de Nueva York, la huelga estudiantil en Chile, los violentos disturbios de Londres y la resistencia de los griegos frente a las políticas de la Unión Europea como diferentes manifestaciones de lo mismo: un “¡ya basta!” de la población mundial frente a un modelo económico y político agotado. La unión entre estos movimientos alcanzó su máxima expresión el 15 de octubre pasado, con una protesta global que conmemoró los cinco meses de la primera marcha de indignados en España. La manifestación fue especialmente grande en España, Italia, Chile y Estados Unidos, donde una organización de ciudadanos para ocupar la bolsa de comercio de Wall Street gana cada vez más fuerza. La coordinación a nivel mundial fue posible, en gran parte, gracias a redes sociales como Facebook.

Crisis económica: el eje de la cuestión
La crisis económica mundial que comenzó en 2008 y aún no encuentra una salida puso de manifiesto, para muchos “indignados”, que los gobiernos toman sus decisiones de acuerdo con intereses de los grandes bancos e inversionistas mundiales. Al hacerlo, “se olvidan” de la amplia mayoría de trabajadores, quienes, a través del desempleo y las malas condiciones laborales, terminan pagando los costos de las crisis. Pero… ¿cómo ocurre esto exactamente?
Frente a una crisis económica, el sistema actual recomienda a los países achicar el gasto público, es decir, la cantidad de dinero que un Estado “gasta” en medidas para su gente. De esta forma, los gobiernos eluden el temido “default”: esto significa que pueden seguir pagando la deuda pública que tienen con los grandes bancos mundiales y evitar que quiebren. Ahora bien: achicar el gasto público implica reducir jubilaciones, pensiones, salarios, subsidios, becas, seguros sociales y obras, o sea, el dinero que normalmente un país transfiere a la actividad productiva y a la “gente común”. El resultado es tan simple como grave: la gente tiene menos trabajo, menos ingresos y menos dinero. El movimiento mundial de indignados reclama que, frente a esta gran crisis que ya lleva 4 años, las políticas de los gobiernos garanticen primero el bienestar de sus sociedades, en vez de pensar cómo salvar a los bancos y a las entidades financieras de la quiebra.

La comparación con Argentina 2001
Algunos analistas comparan la situación actual de muchos países con la terrible crisis económica que la Argentina vivió hace ya diez años. Entonces, las políticas de recorte de gasto no dieron ningún resultado y la deuda externa acumulada por el país era tan grande que tuvo que dejar de pagarse. ¿Cómo se recuperó? A través de una devaluación de su moneda, el gobierno hizo que las exportaciones argentinas fueran baratas para todo el mundo y, por lo tanto, competitivas. Luego, los ingresos de esas exportaciones fueron transferidos a la gente a través de obra pública, subsidios y programas sociales. Así, al tener más dinero en la mano, la gente empezó a consumir más y esto favoreció la actividad de las empresas del mercado interno, que volvieron a crecer y a tomar empleados para producir.
Algunos economistas recomiendan que Grecia, España y otros países en crisis apliquen políticas similares a las de Argentina para recuperarse, aunque no es tan fácil para ellos por estar atados al valor del euro (la moneda que circula en Europa).