Caminante, no hay camino…
se hace camino al enseñar

Este reportaje es un homenaje a todos los maestros, refleja la inmensa tarea que realizan en todos los rincones del país. Nuestra entrevistada, Pilar Las Heras Reinares, vive en el Parque Nacional Chaco y es maestra rural desde 1985.

¿Qué podrías contarnos sobre tu experiencia como maestra rural?
Trabajar en el medio rural me dio la posibilidad de conocer y valorar la riqueza cultural y natural de nuestro país. En la primera escuela rural que trabajé, en el año 1985, los niños llegaban a las ocho y media de la mañana, luego de caminar entre 3 y 5 km bajando y subiendo montañas. No importaba el frío o el viento blanco, allí estaban puntuales, con sus  cabellos escarchados que secaban al calor de la estufa a leña  que abrigaba  la escuela. A la semana de llegar, salí a visitar a cada una de las familias de mis alumnos, recorriendo esos mismos caminos que ellos hacían de lunes a viernes. De esta manera, tuve la posibilidad de conocerlos más profundamente y, sobre todo, de comprender la realidad en la cual había elegido trabajar. Esta realidad de la que hablaba se fue dando igual en todos los lugares donde fui maestra, la que no es fácil y en la cual el esfuerzo, tanto por enseñar como por aprender, se palpa día a día.

¿Qué es ser maestro rural?
El maestro rural que vive en la escuela es un maestro de tiempo completo, pues la escuela es el lugar de reunión, de juego, de encuentro. Sólo al caer la tarde, cuando el último niño se ha ido, el maestro rural encuentra el momento para preparar el trabajo del día siguiente.

¿Qué tiene de distinto a trabajar en otras escuelas?
El trabajo es en plurigrado, es decir, se enseña a varios grados al mismo tiempo y en la misma aula. Además, las escuelas están lejos de la ciudad.

¿Dónde enseñaste?
En Neuquén, en la Escuela N° 58 “Juan Benigar “, la Escuela N° 145 “Carri Lil” de Ruka Choroy, Aluminé, y en la Escuela Albergue N° 217 de Ñireco. En Chubut, en la Escuela de la Villa Futalaufquen, y en el Chaco, en la Escuela N° 639 “Parque Nacional Chaco”.

¿Hubo un lugar preferido?
De cada uno de los lugares tengo los mejores recuerdos, pero el preferido es Ruka Choroy (en Aluminé, Neuquén) y la Escuela
N° 58 “Juan Benigar”. Está en el Parque Nacional Lanín, en territorio pewence, rodeada de montañas y bosques de araucarias milenarias. A ella concurren niños de la comunidad mapuce Aigo.
Con ellos aprendí a amar lo simple y a sentirme parte de la naturaleza.

¿Y qué hacés hoy?
Actualmente, trabajo en el Área de Educación Ambiental del Parque Nacional Chaco, realizando actividades en las escuelas cercanas y recibiendo grupos que nos visitan permanentemente, con los cuales realizamos actividades de interpretación de la naturaleza.
Con la Escuela N° 639 “Parque Nacional Chaco” formamos parte del “Programa Parques Nacionales y Escuelas Interactivas”, que nos permite, a través de Internet, vincularnos con docentes, alumnos, guardaparques y agentes de conservación de todas las áreas protegidas y  escuelas cercanas a ellos. También facilita el acceso a la información y servicios necesarios para la inserción de los participantes en el mundo tecnológico actual, acortando la brecha digital que nos separa de la ciudad.