Según un estudio realizado en la Universidad de Hertfordshire, en el
Reino Unido, el baile nos puede ayudar mucho a mejorar nuestro
ánimo y nuestra autoestima.
Londres, Inglaterra. El bailarín y psicólogo inglés Peter Lovatt se dedicó a estudiar los efectos que la danza ocasiona en el cerebro y descubrió que, al moverse al compás de la música, las personas experimentan cambios en la producción de hormonas, en el ritmo cardíaco, en la presión sanguínea y en el tono muscular. Esto les produce agilidad mental, lo que ayuda a mejorar su capacidad para resolver problemas de una manera creativa. Así como también les da confianza y cierta sensación de libertad. Otra conclusión importante que se obtuvo de estos estudios fue que las personas con Parkinson que habían tomado clases de tango recuperaban la estabilidad al caminar y mejoraban su movilidad.
Para llegar a estas conclusiones, Lovatt entrevistó a unas 14.000 personas de ambos sexos. Con este estudio, además de saber que el baile es beneficioso tanto para el cuerpo como para la mente, el pscicólogo pudo concluir que, en general, las mujeres bailan desde la adolescencia hasta los 16 años, edad en la que empiezan a sentir temor al ridículo. Los hombres, en cambio, empiezan a bailar tímidamente y van animándose lentamente hasta que pasan los 30 años, cuando empiezan a tener vergüenza de mostrar su cuerpo danzando. Parece que recién después de los 60 años vuelven a confiar en sus dotes de bailarines.


















