EE. UU. y Canadá. Una investigación conjunta de las universidades del Sur de California (USC), Estados Unidos, y de Toronto, Canadá, demostró que enderezar la columna y adoptar una postura dominante reduce nuestra sensibilidad al dolor.
Los científicos hicieron dos experimentos en los que los participantes debían adoptar poses dominantes, sumisas y neutrales –alternativamente– mientras los sometían a una fuente de dolor. Aunque la mayoría de la gente se encoge como un ovillo cuando algo le duele, según este estudio tendríamos que hacer lo opuesto, es decir, elongar, estirarnos. El efecto se debe a que enderezar el cuerpo tiene un impacto en los niveles de hormonas vinculadas con el dolor. Hacernos un nudo nos hace sentir que no tenemos ningún control sobre lo que nos ocurre y es probable que intensifique el dolor.
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