Astronomía
Londres. El sábado 26 de noviembre, partió el ATLAS V rumbo a Marte, desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, EE. UU. Pese al viento que se agitaba en el famoso Cabo Cañaveral, desde donde partieron las misiones más famosas de la historia espacial, el despegue fue exitoso. Esta nave alberga al robot Curiosity, que irá a explorar la superficie marciana, en la misión MSL, Mars Science Laboratory (Laboratorio Científico Marte). El MSL es el esfuerzo más reciente de la NASA por explorar el llamado Planeta Rojo, exploración que empezó en 1976 con el programa Viking, siguió en 1997 con el Soujournes y luego con los Mars Rover en 2004.
Curiosity es un robot todoterreno, con seis ruedas y casi una tonelada de peso, que tiene el tamaño de un Mini Cooper, lo más grande (en volumen y tecnología) que fue enviado a Marte hasta el momento. Ha sido diseñado para realizar diversas recolecciones y estudios. Va equipado con instrumentos de exploración de alto calibre, lleva hasta un rayo láser para desintegrar rocas y analizar allí mismo su polvo para buscar rastros de vida. Así como su nombre lo indica (“curiosidad” en español), el robot oficiará como un múltiple observador del Planeta Rojo.
Está previsto que Curiosity llegue a Marte dentro de nueve meses, después de recorrer los 570 millones de kilómetros que existen entre Marte y la Tierra. Ojalá llegue a destino y todo marche “sobre ruedas”. Sus creadores creen que su batería de plutonio lo proveerá de suficiente energía para trabajar ininterrumpidamente por una década.
Y los instrumentos de la nave dejarían de funcionar antes de que se agote la batería del robot. Según se espera permanecerá allí aproximadamente dos años.
¿Dónde empezará a trabajar?
En la depresión ecuatorial conocida como el Cráter Gale, dentro del cual se encuentra una montaña de 5.000 metros de altura. Se piensa que en ese cráter se encontrarán rastros de antiguas formaciones marcianas.
Aterrizaje
En las anteriores misiones se utilizaban bolsas de aire que envolvían los vehículos para amortizar su caída. Esta vez, Curiosity, que es mucho más pesado, va a utilizar
una grúa-cohete que reducirá la velocidad de caída y permitirá que aterrice suavemente sobre el terreno.
“Esta es la máquina soñada de un científico. Este es el explorador científico más capacitado que hemos enviado, estamos muy entusiasmados”, dijo Ashwin Vasavada, subdirector del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
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